Incisiones.
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA ARQUITECTURA MODERNA
EN ROSARIO Por Bibiana Cicutti
• Bibiana Ponzini
Caracterizar y categorizar la arquitectura moderna en Rosario presenta las dificultades propias de las ciudades fuertemente
determinadas por la presncia histórica de corrientes migratorias
de origen europeo, entre fines del siglo XIX y mediados
del XX. Esta dificultad compartida con otras regiones
latinoamericanas- conduce, en principio, a la imposibilidad
de aplicar historiografía tradicional europea, la cual,
a su vez, con sus referentes formales y estilísticos,
forma parte del sustrato cultural de los intelectuales
que se ocupan (nos ocupamos) de la historia de la arquitectura
de su entorno. Beatriz Sarlo, aludiendo a la ambigiiedad
y superposición como rasgo distintivo de la cultura rioplatense
(en la que nos sentimos incluidos), se refiere a Buenos
Aires como "el gran escenario de la "cultura
de mezcla" donde coinciden espacialmente "modernidad
europea" y "diferencia rioplatense", "espíritu
renovador" y "tradicionalismo", "criollismo"
y "vanguardia".1 En
las primeras decadas del siglo el paradigma de La Chicago
Argentina o del Granero del Mundo, impulsaba, a través
de sus agentes sociales, a establecer proyecciones por
demás osadas. El IV Censo Municipal de 1926 describe
claramente el proceso sostenido de construcción en la
ciudad, tanto en horizontal, con la consolidación de
los barrios, como en vertical, en el área central, lo
cual se interpretaba como un síntoma de progreso futuro.
2
Más
tarde, entre las obras del intendente Culaciati, se
encomienda a Della Paolera, Farengo y Guido que proyecten
un Plan Regulador en estos términos: "con vistas
al probable crecimiento de Rosario durante los
próximos treinta años, para cuyo término, el Concejodesbordante
de optimismo calcula que loshabitantes sumaran dos millones,
nada menos"3
Hacia 1930 la sociedad rosarina, logra prolongar
y hasta fortalecer su prosperidad a pesar de la coyuntura
mundial desfavorable apostando nuevamente a la renta
inmobiliaria. Si bien las sedes de las companías terciarias
y el edificio de alquiler resultan nuevas opciones de
inversión, es en el pequeño edificio para renta y en
la vivienda multiple donde se produce una producción
importante tanto en su cantidad como en su calidad.
Calidad en tanto nivel constructivo y en cuanto a propuesta
de adaptación tipológica. Los cambios en los modos del
habitar, las condiciones de higiene y confort así como
la generalización en el uso del automóvil producen desde
hace tiempo modificaciones en la distribución y característica
de la vivienda, cuya demanda ahora se "masifica".
"Hasta entonces, salvo raras excepciones,
la demanda de alquileres, basicamente
referida al requerimiento residencial, era cubierta
por una amplia capa social que incluía desde una modesta
burguesía -que por diversas circunstancias no había
accedido a la propiedad (ingresos insuficientes, escaso
tiempo de radicación, etc.- hasta sectores de servicios,
en general domésticos, o públicos, de ínfima capacidad
económica que se hacinaban en los típicos conventillos
urhanos (algunos de los cuales aun sobreviven) incluídos
en plena área central. Pasado el crítico año 30 la oferta
inmobiliaria comienza a ser absorbida por un nuevo reagrupamiento
social -que no elimina sino que, se agrega al
sector de los antiguos inquilinos -pero planteando requerimientos
totalmente novedosos, apoyados en una capacidad económica
comparativamente considerable, para lo que por entonces
se estima el nivel de un no -propietario, lo que lo
convierte, rápidamente, en principal destinatario
de las nuevas estructuras construídas"
4
La editorial de El Constructor Rosarino de Julio
de 1929, codificaba lo que constructores y profesionales
aplicaban en la
práctica cotidiana: desde la elección del terreno -la
accesibilidad y renombre de los barrios es un punto
destacado", la distribución acorde con los nuevos hábitos
y costumbres "modernos", hasta las recomendaciones
sobre el uso de materiales "nobles" y la innovación
en los servicios complementarios "lo que era
un lujo hasta hace cinco años". Obras y Anexos
alentaban una especie de pragmatismo practicante: "Con
esta finalidad tentaremos de analizar los factores que
contribuirán a lograr en lo posible, la perpetuación
del interés rentístico de la propiedad que se proyecta"
5
En cuanto al lenguaje arquitectónico, el destinatario
se reconoce como un grupo predominantemente tradicionalista
respecto del consumo que presenta reticencias frente
a los modelos formales abstractos y a
las cuestiones ideológicas que se debatían en Europa.
Ambos modelos "tradicionalista",y "modemo"
se perciben como simultaneamente válidos. Resultapues
interesante observar como se conjugan imágenes tan diferentes
y que significaran, tanto para los profesionales como
para los clientes, opciones alternativas.
La misma fuente, en Sugestiones sobre la decoración
arquitectónica moderna, pone acento en el carácter individual-electivo
de los modelos formales como modo de contrarrestar la
"estandarización y la rigidez de los modelos
abstractos. El artículo comienza estableciendo que:"Muchos
de los detalles del estilo moderno son puramente decorativos,
tendiendo la decoración moderna a arquitecturizarse
como lo acaba de declarar en Buenos
Aires, el profesor Steinhof, de la Escuela Nacional
de Artes Decorativas de Viena", a lo que agrega,
"En la decoración arquitectónica moderna predomina
el convencionalismo geométrico y floreado, la composición
de lineas puras, el movimiento armónico de masas; ora
la uniformidad, ora la sinfonía de colores."6
Arquitectos "canonizados" como representativos
del Movimiento Moderno en Rosario no ocultaban
este mecanismo de consensuar propuestas. Ermete de Lorenzi
presentaba al Sr.Gilardoni cuatro variantes
de fachada para el edificio de oficinas de la calle
Cdrdoba al 1400 e Hilarion Hernandez Larguía
aplicaba en forma indiferenciada una secuencia de estilos
a idénticas unidades habitacionales (estas
si, evidentemente modernas) en los proyectos para el
Banco Edificador. Ni que hablar de Tito y Jose Micheletti,
donde la base del eclecticismo suministraba un plafón
que admitía desde los más rigurosos ejercicios académicos
hasta las más osadas propuestas vanguardistas.7
Conviven en Rosario, con un sincretismo particular,
rasgos neoclásicos, referencias romántico-pintorescas
o eclécticas con los modelos modernos más permeables.
Estos permitieron a los profesionales y constructores
mayor libertad formal sirviendo de mediadores entre
"tradición" y " modernidad", entre "racionalismo" y
"expresividad", más que detonar una adopción del Movimiento
Moderno superficial y pasajera como tan livianamente
se catalogó a este tipo de arquitectura8
Una
década más tarde la discusión sigue presente. "Dos
Estilos" titula la revista Edilicia en su edición
de octubre de 1938 la presentación de dos obras del
Arq. A.J. Pasquale ubicadas en calles Buenos Aires 647
y Paraguay 756. "Dos estilos. Dos sentimientos,
tratados por una misma sensibilidad. La seriedad, la
discreción, la serenidad y el equilibrio de los Luises,
que nada saben de improvisadas fantasías, ni de extremadas
simplicidades de líneas;y la forma moderna, escueta
y ágil, que no por ser simple, deja de exigir criterio
de composición, estudio y función de cada uno de sus
elementos.
Dos tendencias, en fin, que perduran y viven
hoy: el serio clasicismo que aun queda aferrado a nuestra
época - tan adversa para él-; y el moderno sentido de
las cosas, que en arquitectura, suele llegar a ser peligrosa
libertad, o acertadísima disposición de equilibrados
elementos." Y agrega el comentarista,
"Creemos ver a través de la sinceridad de estos
proyectos, el verdadero problema e la Arquitectura moderna.
El funcionalismo de una planta, su lógica disposición
y su solución, producto de un acertado análisis y de
un detenido estudio; facilitaron la adopción de la fachada
en uno u otro estilo" 9
Pocos meses antes en febrero del ´38, la misma
revista publicaba "El público y la arquitectura" de
Mallet Stevens quien proclamaba "El fin de la
moderna arquitectura consiste en destruir las cosas
sin aire, sin luz; casa de pobres y a menudo de ricos.
Y el fin de la moderna arquitectura es reconstruir moradas
dignas de los hombres de hoy"y agregaba más
adelante "Nuestra época, por lo que se refiere
a gusto, es digna hermana del siglo
XiX; amor exagerado de lo anticuado llevado hasta el
desprecio de las exigencias de la vida actual. Se confunde
muy fácilmente la antigiiedad y el <bric-d-brac>,
la tradición y la costumbre pasiva, la fantasía y el
desorden, como se confunde actualmente beneficio del
trabajo y provecho de los negocios. Este amor hacia
el pasado y el falso pasado, para los estilos muertos,
en resumen, es inexplicable."10 
No fueron precisamente los arquitectos "canónicos"
europeos los que más influencia ejercieron en los profesionales
locales. Erich Mendelsohn sedujo con su contundente
expresividad formal, aunque también por preservar resabios
de composición académica. Robert Mallet Stevens, Bernard
Bijoet, Pierre Chareau y Willen Dudok, ofrecían una
visión serena y refinada del Movimiento Moderno desde
las publicaciones especializadas internacionales (Modern
Bauformen, Architectural Forum) tanto como nacionales
(Revista de Arquitectura, Nuestra Arquitectura) y las
mencionadas locales (El Constructor Rosarino,
Edilicia).11
Fenómeno que también tiene lugar en los propios
paises europeos, como señalara Willam Curtis: "El
Estilo Internacional tuvo algunos seguidores que comprendieron
sólo en parte sus principios inherentes y que adoptaron
sus formas como una nueva vestimenta externa.
...Tal vez la obra del arquitecto holandés
Willem Dudok proporciona un ejemplo de este "competente"
estilismo; o también en Francia, la obra de Robert Mallet
Stevens. Ambos eran capaces de hacer del reduccionismo
moderno una especie de simplicidad agradable, pero que
carecía del trascendental contenido visionario del auténtico
Movimiento Moderno"^2
Así, si bien los edificios "canónicos"
se presentan con singularidad en Rosario, son escasos,
vinculados generalmente a sedes institucionales o financieras,
ubicados en sitios preferenciados produciendo un impacto
considerable en la "percepción distraída"
de sus habitantes.13
Pero por cierto el paisaje urbano se modifica
y con contundencia hacia 1940, con la aparición de incontables
obras generalmente de un alto nivel de calidad-, viviendas
individuales o pequeños conjuntos de renta, tipologicamente
modernos, y con cierto alarde de los recursos poéticos
del Movimiento Moderno: revoque blanco, cubiertas planas,
terrazas pergoladas, planos horizontales en voladizo,
volúmenes rectangulares o curvos expresivamente encastrados,
"ojos de buey", revestimientos pulidos, herrería
cromada o de bronce con motivos alegóricos, etc.
Debemos considerar, como decíamos al principio,
que el peso de la tradición en ciudades de reciente
formación como Rosario es relativo, vinculado a las
realidades culturales heterogéneas de los propios inmigrantes
que construyeron la ciudad, a sus técnicas, a sus prácticas
constructivas y profesionales. Pero también,
que el excedente de capital hasta 1930
se invierte en el negocio de la tierra urbana, desde
hechos más o menos puntuales hasta loteos
fundacionales, con la consecuente puesta en valor de
áreas que hasta entonces
permanecían como "islas de ruralidad"
dentro del Municipio. La acción, llevada a cabo por
inversores privados y operadores inmobiliarios, desplego
una serie de "dispositivos modernizadores"
(extensión del sistema tranviario, alumbrado, teléfono,
etc.) que posibilitó estas operaciones
de "relleno" del tejido urbano.
Respecto de la siguiente década el mismo Caballero
plantea innovaciones en la conducta inversora
destacando la aparición de una "nueva forma
de elementos urbanos: los edificios
de departamentos", calificando
a este perínodo (1930-45) como "el primer capítulo,
y uno de los mejores de la arquitectura rosarina".14
Junto a los edificios de renta, continuara la
construcción de las casas de rentas, modelo ya probado
en las décadas anteriores, aunque ahora resueltos desde
el lenguaje moderno.
Resulta emblemático el edificio propiedad de
Rodolfo Irazoqui y Sra., Bv. Oroño 44 bis, obra del
arquitecto E. Roda, ya que en el mismo lote se asienta
una construcción anterior tam- bién de renta resuelta
según los criterios característicos de las primeras
décadas del siglo. 
En la nueva intervención de unidades más jerarquizadas,
se manifiestan claramente los nuevos modos
de organización de la planta a partir de la inversión
de los patios, claridad de los ingresos
y distribución de los locales. "Los nuevos departamentos
debían reunir todo el con fort moderno, pero estudiados
de tal forma que a pesar de ser construídos con los
materiales y elementos más eficientes pudieran ser alquilados
a precioss razonables"15.
Innumerables ejemplos de casas para renta se construyen
en la época conteniendo desde un mínimo de dos unidades
hasta todas aquellas que el terreno y el ingenio
del proyectista pudieran permitir.
A los edificios en altura y las casas para renta,
se suman gran cantidad de viviendas individuales, generalmente
de alto nivel de calidad, que presentan considerables
innovaciones en cuanto a lo tipológico, en tanto respuesta
a nuevas demandas habitativas: la diferenciación funcional,
la incorporación del garaje o el nucleamiento de sectores
húmedos, entre otros. El nuevo artefacto se desarrolla
con cierta indiferencia respecto de las dimensiones
del lote (excepto la planta baja).
Más allá de las obras singulares, destacamos
las situaciones que resultan componentes de
la forma urbana: las áreas o tramos de un considerable
nivel de calidad ambiental definiendo un perfil unitario
en la diversidad, con un lenguaje y un código común:
el "Estilo Internacional". Significativos
ejemplos son el tramo de calle Paraguay 1277 al 97 esquina
3 de febrero 1492 al 60, constituído por la agregación
casi simultánea -entre 1947 y 1942- de diez
unidades de viviendas en dos plantas, una en esquina
y otra de planta baja. Las mismas no resultan arquitecturas
sobresalientes ni responden a la categoría de obras
de autor, sino más bien a un tipo de presencia urbana
que asume ciertos valores de modernidad desde la particular
constitución de esta ciudad. El loteo de la propiedad
de Amelong (Viamonte, Ocampo, Sarmiento, San Martin),
con su característico pasaje del mismo nombre es otro
caso similar que se consolida con idéntica voluntad
agregativa entre 1938 y 1942.
En general los tramos más interesantes se constituyen
a partir de la esquina como los mencionados
o el de Tucumán 1513-Paraguay 409 y siguientes; otros
incluyen construcciones anteriores que renuevan su epidermis
con los nuevos recursos linguísticos, aun conservando
su distribución interior y las alturas convencionales
con igual repercusión en cuanto a la resultante de conjunto.
Los pequeños edificios de renta también se adecuan acertadamente
a la situación de conjunto (Paraguay 424 y 448) sin
que ello signifique una alteración del perfil dominante
proporcionado soluciones tipológicas eficaces e innovadoras.
Hasta aquí, apuntamos algunas reflexiones exhortando
a los lectores a continuarlas y problematizarlas.
En ese sentido es que recogemos las palabras de Xavier
Costa, quien plantea que el desafío esta
en "...Reconsiderar la arquitectura moderna
resistiendo los argumentos históricos que han construído
el discurso dominante a lo largo de nuestro siglo, y
que se basan en parámetros de autoría, de producción,
de autenticidad, de obras maestras y de concatenación
cronológica" e incorpora el concepto de "topografía"
desarrollado por Deleuze y Guattari, para sostener que...
"En vez de reconstruír un hilo lineal que permita
considerar por razones de causa y efecto las producciones
consideradas remitiéndolas a manera de árbol genealógico
a figuras maestras, un estudio topográfico prima las
estratégias de diseminación, de filtración y contaminación,
a la vez que acepta entradas y lecturas múltiples".16
Almando
Proyectos
Aborrecer los medios tonos y redescubrir el color. No
amarrarme a una tibieza confortable. Fijar posturas y
suspender la razón. Olvidar a los arquitectos que
se visten de negro. Subastar lo claro, lo translúcido,
lo patinado.
No olvidar lo mítico y lo ritual. Saber de la pasión
en cuanto experiencia individual.
Paralizar lo que es, para que surja lo que puede llegar
a ser.
No engañar mi espíritu repitiéndome.
Anular la fantasía y potenciar la imaginación.
Purgar la mente y el alma. Que solo quede el lugar y el
arquitecto.
Tu mano y mi materia
Mi
geografía y tu acción.
Jessica Aguilera
De columnas y de
Ritmos. 
Al principio fue el alarife. Pero las casas empezaron
a crecer, mansiones mayores cerraron el trazado de las
plazas y la columna – que no ya el mero horcón
de los conquistadores - apareció en la urbe.
Pero era una columna interior, grácilmente nacida
en los patios umbrosos, guarnecidos de vegetaciones,
donde los troncos de palmeras convivieron con el fuste
dórico.
En un principio, en casas de sólida traza, un
tanto toscas en su aspecto exterior, como la que se
encuentra frente a frente a la catedral de La Habana
, pareció la columna cosa de refinamiento íntimo,
destinada a sostener las arcadas de soportales interiores.
Así, en muchos viejos palacios habaneros, en
algunas ricas mansiones que aún han conservado
su traza original, la columna es elemento de decoración
interior, lujo y adorno, antes de los días del
siglo XIX, en que la columna se arrojara a la calle
y creara – aún en días de decadencia
arquitectónica evidente – una de las más
singulares constantes del estilo habanero.
. ..la
increíble profusión de columnas, en una
ciudad que es emporio de columnas, selva de columnas,
columnata infinita, última urbe en tener columnas
en tal demasía; columnas que, por lo demás,
al haber salido de los patios originales, han ido trazando
una historia de la decadencia de la columna a través
de las edades.
No hace falta recordar aquí que, en La Habana,
podría un transeúnte salir del ámbito
de las fortalezas del puerto, y andar hasta las afueras
de la ciudad, atravesando todo el centro de la población,
recorriendo las antiguas calzadas del Monte o de la
Reina, tramontando las calzadas de El Cerro o de Jesús
del Monte, siguiendo una misma y siempre renovada columnata,
en la que todos los estilos de la columna aparecen representados,
conjugados o mestizados hasta el infinito.
En cuanto a los millares de columnas que modulan –
es decir: que determinan módulos y medidas, un
modulor... – en el ámbito habanero, habría
que buscar en su insólita proliferación
una expresión singular del barroquismo americano.
Cuba, por suerte, fue mestiza – como México
o el Alto Perú. Y como todo mestizaje, por proceso
de simbiosis, de adición, de mezcla, engendra
un barroquismo, el barroquismo cubano consistió
en acumular, coleccionar, multiplicar columnas y columnatas
en tal demasía de dóricos y de corintios,
de jónicos y de compuestos, que acabó
el transeúnte por olvidar que vivía entre
columnas, que era acompañado por columnas, que
era vigilado por columnas que le medían el tronco
y lo protegían del sol y de la lluvia, y hasta
era velado por columnas en las noches de sus sueños.
La multiplicación de las columnas fue la resultante
de un espíritu barroco que no se manifestó
– salvo excepciones – en el atirabuzonamiento
de las pilastras salomónicas vestidas de enredaderas
doradas, sombreadoras de sacras hornacinas. 
Las columnatas de La Habana, escoltando sus Carlos
III de mármol, sus leones emblemáticos,
su India reinando sobre una fuente de delfines griegos,
me hacen pensar – troncos de selvas polibles,
fustes de columnas rostrales, foros inimaginables –
en los versos de Boudelaire que se refieren al temple
au de vivants piliers/ laissaient entendre de confuses
paroles.
Yoruba yo soy, lloro en yoruba
lucumí.
Como soy un yoruba de Cuba,
quiero que hasta Cuba suma mi llanto yoruba;
que suba el alegre llanto yoruba
que sale de mí.
Yoruba soy,
cantando voy,
llorando estoy,
y cuando no soy yoruba,
soy congo, mandinga, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que empieza así:
Adivinanza
de la esperanza:
lo mío es tuyo,
lo tuyo es mío;
toda la sangre
formando un río.
La seiba con su penacho;
el padre con su muchacho;
la jicotea en su carapacho.
¡Que rompa el son caliente,
y que lo baile la gente,
pecho con pecho,
vaso con vaso,
y agua con agua con aguardiente!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que sigue así:
Estamos juntos desde muy lejos,
jóvenes, viejos,
negros y blancos, todo mezclado;
uno mandando y otro mandado,
todo mezclado;
San Berenito y otro mandado,
todo mezclado;
negros y blancos desde muy lejos,
todo mezclado;
Santa María y uno mandado,
todo mezclado;
todo mezclado, Santa María,
San Berenito, todo mezclado,
todo mezclado, San Berenito,
San Berenito, Santa María,
Santa María, San Berenito,
¡todo mexclado!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:
Salga el mulato,
suelte el zapato,
díganle al blanco que no se va:
de aquí no hay nadie que se separe;
mire y no pare,
oiga y no pare,
beba y no pare,
coma y no pare,
viva y no pare,
¡que el son de todos no va a parar!
Son número 6.
Nicolás Guillen – El Son entero.
¡José Ramón Cantaliso,
canta liso! Canta liso
José Ramón.
Duro espinazo insumiso;
por eso es que canta liso
José Ramón Cantaliso,
José Ramón.
En bares, bachas, bachatas,
a los turistas a gatas,
y a los nativos también,
a todos, el son preciso
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.
Voz de cancerosa entraña,
humo de solar y caña,
que es nube prieta después.
Son de guitarra madura,
cuya cuerda ronca y dura
no se enreda en la cintura,
ni prende fuego en los pies.
Él sabe que no hay trabajo,
que el pobre se pudre abajo,
y que tras tanto luchar,
el que no perdió el resuello,
o tiene en la frente un sello,
o está con el agua al cuello,
sin poderlo remediar.
Por eso de fiesta en fiesta,
con su guitarra protesta,
que es su corazón también,
y a todos el son preciso,
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entienda bien.
José Ramón Cantaliso
Nicolás Guillen. El Son Entero.
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