Editorial
por MARCELO BARRALE
Nuevamente remitimos al maestro Lito Nebbia.
En el editorial del MP 3 aludíamos a Melopea
(1) como manera de construir.br> Esta
vez reproducimos un tema de Lito, “Yo no permito”
del LP titulado “Para que se encuentren los
hombres” grabado en Bs.As. en noviembre de
1983, conjuntamente con el Cuarteto Zupay.
En un clima generalizado de dificultades económicas
y laborales, que afecta fuertemente la actividad
de los arquitectos y sus estudios, y aclaro lo de
los estudios porque sigue siendo el modo de realizar
la profesión de la mayoría de los
colegas próximos, y que también nos
sacude en el ánimo social, individual y familiar,
seguimos jugando nuestras fichas en este proyecto.
Con un material inédito que ya nos quema
en las manos, producido durante el año 2000,
en el marco del Ciclo de Conferencias Idea y Materia
en el Arte y la Arquitectura de dominó, con
momentos maravillosos como la cada vez mas consistente
charla de Pablo beitía sobre el Xul Solar,
o la noche de Mauro Machado y Marcelo Villafañe,
o la felicidad transmitida por el hacer de Solano
Benitez de Paraguay y el escultor Daniel Andrino
de la escuela Musto, y la fantástica travesía
del taller Galli a Chile a visitar nuestros amigos
de Ciudad Abierta, salimos con esta Matéricos
5, con muchas novedades.
Hemos ampliado el grupo de trabajo con personas
invitadas como Diana Chiatello y Gustavo Parets,
que no pertenecen al Taller, que han aportado material
nuevo y diverso. En otros casos, como Carolina y
Vanesa se han hecho cargo específicamente
de la página web, que marcha muy bien.
El tema de tapa, el territorio que dá motivo
al proyecto de “Arquitectura de la periferia”,
y en consecuencia a la investigación que
desarrollamos dentro del programa del CIUNR, se
incluye porque creemos estar llegando al final del
mismo.
Todo lo demás, es la potente producción
del Taller Galli, de sus docentes, sus alumnos,
sus graduados y adscriptos, y principalmente de
dominó con la movida del concurso, que ha
sido farragosa, pero que culminó exitosamente.
Finalmente, un saludo a nuestra prima la 041, que
en su número 4, reproduce un material con
el cual estamos en un todo de acuerdo, y que seguramente
la seguirá nutriéndola con frescura,
futuro y esperanza, para el bien de la arquitectura
rosarina.
Al flaco Galli, una invocación permanente
y a los estóicos auspiciantes, muchas gracias.
(1)Sello discográfico independiente
conducido por el músico. |
Sumario.
- Concurso Idea y Materia
para viviendas específicas estudiantiles
El desafío de pensar cómo vivir
y estudiar en el mismo lugar
Por Natalia Ferrucci, Cintia Hetch y Luciano
Bluma
Dictamen
del Jurado
Proyectos
Mensiones
- Incisiones
Reportaje a Daniel Massa
y Pablo Barese
por Diana Chiatello
Ciudad Tomada
por Savrina Gobbato
La construcción de
la ciudad contemporánea
por Gustavo Parets
Futuros
por Alejandro Romagnoli
El umbral de la barranca
por Bibiana Cicutti, M. Garrofé y Bibiana
Ponzini
- 4 casas en rosario
Sandra Marchesi
Cristian Mare y Carlos Candia
Luis Appiani y Javier Elías
Emilio Farruggia
- El taller arquitectura
de la periferia
Trabajos de proyecto 2,
1999
Arquitectura de la
periferia. 20000 Viviendas para rosario
por Gustavo Cataldi
- Sociales
|
“yo
sé que no puedo morir por ahora,
y la razón es que ando muy ocupado,
pero suceden cosas diariamente,
que intentan liquidar mis sentimientos
y yo no hago caso
yo no permito que me impidan seguir
yo los invito a que me vean seguir
y si lo intento es porque estoy convencido
que para lograr algo hay que insistir
me encontré ayer con pibe de 15
me preguntó que como había hecho
yo no quise aburrirlo con mi rollo
de que aún sigo intentando
y pensé que era mejor decir
yo no permito que me impidan seguir
yo los invito a que me vean seguir
y si lo intento es porque estoy convencido
que para lograr algo hay que insistir
por eso si mañana comprás el diario
y lees de nuevo que todo anda mal
y en el trabajo te dicen que no vuelvas
buscá una mano amiga
apurá tu paciencia
alimenta tu fuerza
de que sirve que te anules
crecé en otras direcciones
que no te importe (..............)
y no tengas qué decir.
yo no permito que me impidan seguir
yo los invito a que me vean seguir
y si lo intento es porque estoy convencido
que para lograr algo hay que insistir
El
umbral de la barranca.
En torno al desarrollo de la ciudad y sus márgenes.*
B. Cicutti, M. Garrofé, B. Ponzini, arqts.
Fotografía: W. Salcedo, arq.
Rosario, julio de 2000.
“La palabra contiene transformación, inundaciones,
vado, albarda, aprisco (como a modo de cobijo), el umbral
es la fuente”.
Umbrales, Eleonora Traficante, etc.
ensayo-teoría-crítica. Vol. 8 -Espacios
Artísticos-1996.
Los comienzos de Rosario evidencian un lento proceso
de asimilaciones culturales signadas inicialmente por
las actividades rurales y su carácter de tránsito
dentro de la marginalidad colonial. “Poco importó
la historia para Rosario; y bastante apartada de su
autoridad y alejada del procurato no era más
que un caserío enclavado entre río y tierra
esperando al Tiempo que mucho tardó en venir.
La Historia lo rozó al pasar y estuvo incluida
en los principales acontecimientos, pero es la Geografía
y la Economía natural lo que le dará el
título de ciudad magnífica” .
La costa fue reconocida como puerto natural por sus
primeros habitantes, motivando su uso espontáneo
para actividades fluviales, entre las que, como lo señalara
Juan Álvarez, estaban incluidas las ilegales.
Para ello utilizaron los senderos naturales producidos
por las aguas en la barranca, transformándolas
en bajadas al río: la de San Lorenzo, la del
Espinillo -donde desembarcara el ejército de
Urquiza en su marcha hacia Buenos Aires-, la de Gómez
Recio -llamada también Bajada Grande, actual
Sargento Cabral-, la Santa Cruz sobre la actual calle
Ayacucho, etc.
Años más tarde el sistema del puerto -edificios
administrativos, muelles, depósitos, elevadores-
junto con la red ferroviaria constituirán un
documento emblemático de la modernidad vinculada
al modelo de país agro exportador, en torno al
cual se produce un abrumador despliegue económico
social en el primer borde de la barranca. En estos años
arriban a la ciudad contingentes poblacionales de notable
envergadura, localizándose en el sector no sólo
las sedes de una inusitada actividad vinculada al comercio
de la importación sino también los contenedores
sociales del impulso inmigratorio del cual se nutre:
Asilo de Inmigrantes, fondas, hoteles y pensiones, alternando
ranchos con pretenciosas edificaciones. 
La particular ubicación de la Bajada Grande sirvió
como vínculo entre la ribera
y el Camino Real, generando la matriz fundacional de
la ciudad, la cual, con el trazado de sus primeras calles
y el posterior amanzanamiento; queda vinculada desde
su génesis con el Bajo y su función portuaria.
A partir de la declaratoria de ciudad y su definición
como puerto de la Confederación se da el impulso
definitivo para el crecimiento de la incipiente actividad
portuaria con la consecuente valorización de
la tierra urbana relativa al área y a las principales
vías de acceso a la misma. Por iniciativa de
aquellos miembros de la burguesía mercantil en
formación, que en el transcurso de las décadas
siguientes se convertirían en notables dirigentes
en procura de la autonomía municipal y el control
de la aduana, se formaliza normativamente esta idea
de ciudad a través de sus primeros planos y ordenanzas,
en un intento por controlar el crecimiento, la construcción
y renovación urbanas, conforme al desarrollo
de las necesidades funcionales.
* Este
texto reelabora avances realizados con el Proyecto de
Investigación Conocer y Cuidar la Ciudad en que
Vivimos acreditado en la UNR (1995-99): Informe técnico
El bajo y sus bajadas, elaborado por M. Garrofé.
En la actualidad se retoman los aspectos específicos
vinculados a la costa en el Proyecto El reconocimiento
cultural y puesta en valor del patrimonio costero de Rosario.
Hipótesis de integración urbana.
Hernández, Fausto: Biografía de Rosario,
Ciencia, Rosario, 1939, (p. 47-48).
Así “.....definieron una vía pública
que se conoció por Calle del Bajo, frente a la
que, ya en 1876, se alineaban quince pulperías
y cinco puestos para el expendio de carne, además
de otros veintidós negocios y talleres. Hasta 1868
solamente existía acceso cómodo a esa vía
pública transitando la Bajada, actual Sargento
Cabral, razón por la que tanto ésta como
aquella eran permanentemente reparadas y mejoradas con
escombros y escorias, tareas que corrían a cargo
de la Municipalidad y el Gobierno Nacional y, también,
de empresarios establecidos en el paraje”.
(2) La Bajada Grande y la Calle del Bajo,
fueron las primeras vías de relación entre
el puerto y la ciudad, y las primeras en alojar una
variada gama de actividades; con una permanente acción
transformadora del paisaje de la ensenada, ya sea por
causas naturales o por el agotamiento de sus posibilidades
funcionales, que llevarán al terraplenamiento
y a la construcción de la Av. Belgrano y de la
concesión del puerto a partir de 1902 a la firma
Hersent et fils, Schneider et Cie, por un lapso de cuarenta
años. “En cuanto al aspecto cualitativo,
la inversión está dirigida principalmente
a la construcción de los elementos urbanos necesarios
a la actividad comercial: locales, depósitos
corralones, barracas, etcétera. El requerimiento
residencial, ineludible por otra parte se plantea subordinado
a la actividad mercantil”. (3)
En sus comienzos, el puerto contó con instalaciones
desde la Bajada Grande hasta la Bajada Santa Cruz, las
primeras del sector fueron el Muelle de Hopkins (1856),
luego reconstruido como Muelle de Castellanos (1859)
con su agregado (1860), los Almacenes Danunzio (1856-57),
de la Aduana y los Muelles Nacionales (1885). Siguiendo
hacia el sur, los muelles del Gas y de Comas (1859)
con sus depósitos. 
“Hacia
1884 las arenas comenzaron a cegar la inmensa y excelente
rada de más de veinte metros de profundidad existente
frente a la Bajada Grande, con la cual quedó
totalmente alterada la conformación de la ruta
fluvial frente a nuestra ciudad, y las obras del puerto
completaron este proceso que torna a veces incomprensibles
ciertos pasajes de la historia local: el río
tiene ahora su cauce paralelo a la ribera; pero no fue
ésta su característica durante el siglo
XVIII y hasta poco antes de finalizar el siglo XIX.
En ese entonces, la Bajada Grande fue el centro de la
ensenada limitada por la punta ‘del Norte’
(calle Jujuy y Mitre) y la punta ‘de los sauces’
(calles 3 de Febrero y Chacabuco).”
(4)
El paisaje inicial de las calles se había ido
conformando por el surgimiento espontáneo de
las instalaciones que dieron solución a la demanda
portuaria, sin previsión respecto a las fluctuaciones
del río ni al continuo crecimiento de las actividades.
Estos inconvenientes se paliaron con la construcción
de la Avenida Belgrano para lo cual, por ordenanza del
14 de marzo de 1899, se aprueban los planos realizados
por Obras Públicas, definiendo para la misma
un ancho de 50 metros, desde San Martín hasta
Chacabuco que se reduce a 30 metros hasta alcanzar el
Bv. Argentino y autorizando el desmonte de algunas calles
para vincularlas a la nueva avenida. Ésta se
construye sobre un relleno de tierra de 3 metros por
encima de la vieja Calle del Bajo, sepultando al primitivo
conglomerado, paulatinamente reemplazado por la construcción
de un nuevo frente de edificios en normativa edilicia.
En la ribera, al sur de calle Maipú, se suplanta
el caos de muelles individuales por el orden del nuevo
puerto único, quedando el norte destinado a los
muelles de los distintos ferrocarriles que se iban instalando.
Desde estas dos calles, las primeras actividades vinculadas
al comercio portuario se expandirán al resto
del sector, junto a otras complementarias, como las
industriales, comerciales afines, entre cuyos primeros
establecimientos se destacan los Molinos de Jaime San
Miguel y de Santiago Sanguinetti, las fundiciones Atkinson
& Selfer (Maipú y Urquiza) y Santiago Rigetti
“Helvética” en la calle San Martín;
a los que se sumaron, entre muchos otros, el Astillero
de Craviotti, Ciarlo y Rebagliatti y la Ferretería
y Pinturería Chiesa (San Lorenzo 1050-54), junto
con la sede de importantes instituciones como La Bolsa
de Comercio (San Lorenzo y Sarmiento) y la Compañía
de Seguros La Rural (San Lorenzo 1055). Se genera así
una continua recalificación, que provocará
la sustitución de las actividades productivas
primeras (Molino de San Miguel 1856-76), por almacenes
y residencias (edificio de Santiago Pinasco, 1907-08)
en la Bajada; así como también se emplazarán
los edificios para actividades funcionales al área:
la primera aduana que funcionara en la casa de Cayetano
Carbonell, sería reemplazada por el edificio
de la Aduana, proyecto del Arq. Enrique Aberg (1876),
hasta alcanzar su grado de expresión actual con
la construcción de la nueva Aduana proyecto de
Juan Ochoa iniciado en 1912, todos en el mismo sitio,
conformando junto al FFCC (Estación Rosario Central)
y al conjunto de la Municipalidad, Iglesia y plaza 25
de Mayo, el triángulo activo de la ciudad.
Al
mismo tiempo, la nueva traza ribereña definía
su extensión y calidad: al norte se conecta con
las calles Tucumán y Catamarca, convertidas mediante
sus respectivos desmontes en bajadas, y al sur con el
proyecto del Monumento, sobre la entonces Plaza Brown,
luego Belgrano. Diseñada como boulevard, con
cantero central y forestación, la Avenida Belgrano
va mudando su fisonomía para transformarse en
lugar jerarquizado para el asiento de residencias de
alto costo, con características edilicias que
se extendían a las calles transversales.
Junto con residencias de severa resolución,
un nutrido grupo de hospedajes y hoteles se localizan
en el sector de las bajadas en el primer borde de la
costa. Allí se producirá una zona de mixturas
y encuentros interétnicos que dan cuenta de ese
proceso de asimilaciones culturales que mencionáramos
al comienzo. En lo arquitectónico, esto se traducirá
en la adopción de una versatilidad lingüística
incorporada aditivamente a la resolución de conjunto.
Se destacan aún hoy, la presencia de los hoteles
de France et Angleterre (Córdoba 625), Savoy,
Britannia (San Martín 360), Hotel Hansa (Sto.
Cabral 156), Hotel de la Paix (Sarmiento y Urquiza),
Hotel Argentino (Urquiza 51 -y Sarmiento-), Hotel de
Mayo (San Lorenzo y Sarmiento), dentro del inusitado
despliegue de fondas, teatros y varietés, como
el Olimpo (Mitre entre Urquiza y Sarmiento), el Litoral
-reconstrucción de La Esperanza- (San Martín
109), el café La Bolsa (San Lorenzo 1239) más
tarde Cine-varieté, etc.
Un aviso publicado en el diario La Capital durante 1881,
testimonia con precisión los referentes más
destacados del sector, al tiempo que ofrece las bondades
hoteleras:
“A LOS VIAJEROS PARA EL ROSARIO
El 1º de enero de 1881 se abrió el GRAN
HOTEL ARGENTINO.
CALLE DE URQUIZA 51
El hotel está inmediato al ferro-carril, al correo,
a la aduana y al puerto. Los cuartos son numerosos,
bien ventilados, con puertas y ventanas a la calle.
Los muebles enteramente nuevos y muy elegantes. El cocinero
es de primer orden. El personal es numeroso y el servicio
esmerado. El hotel dispone de salas y alojamientos para
familias, independientes de las demás habitaciones.
Los precios son módicos: así esperamos
que los señores viajeros visitarán al
Gran Hotel Argentino.
ANTONIO VITALE”
Los trabajos destinados a proveer de servicios a la
ciudad también dejarían su impronta en
el paisaje urbano. El principal elemento transformador
sería la instalación del primer tramway
y la consiguiente necesidad de empedrado y nivelación
de las calles para su funcionamiento, la construcción
de plantas de provisión de agua filtrada sobre
la barranca y la iluminación a gas, seguidos
por los trabajos de renovación de los éstos
servicios, con las instalaciones de aguas corrientes,
de cloacas y desagües, la iluminación eléctrica,
el tranvía eléctrico y el ómnibus.
Esta infraestructura no sólo modificará
el paisaje físico y natural, sino también
los hábitos de uso del espacio público,
que ampliado y calificado convocaría mayor cantidad
gente en las calles y paseos, generando más vida
social y disfrute de la ciudad y a la vez mayor reconocimiento
y cuidado.
La inversión en la edilicia rosarina, en aumento
desde comienzos del siglo XX, se extenderá durante
toda la década del ‘30 a pesar de la crisis
económica, encontrándose al comienzo de
la siguiente con el fin de la concesión de explotación
privada del puerto (1942) y con un proceso de retracción
en la construcción.
En este período la inversión se dará
en trabajos de renovación y completamiento urbanos,
cobrando mayor impulso el tema residencial, ya cubierto
el productivo y comercial, atendiendo en número
y calidad a la demanda habitacional, con énfasis
en la representación simbólica de una
sociedad burguesa exitosa. Construyendo sin pausa a
lo largo de casi cincuenta años, dentro del concepto
decimonónico de modernidad, abierto a la idea
de progreso arquitectónico ecléctica,
por agregación de novedades y de mezcla por selección
operativa de tipos y estilos de fachada y conteniendo
con los recursos de la composición, el despegue
en altura de los edificios, intentando mantener la escala
de calle decimonónica.
El paso del tiempo y los avances culturales conducirán
a un necesario replanteo, tanto de las plantas alineadas
con sucesión de cuartos como de las de tipo compactas,
compuestas académicamente, a las nuevas dimensiones
de los lotes y de las rentas a obtener, con la redimensión
de los espacios y la incorporación de nuevas
estrategias funcionales que crearían mixturas
tipológicas cuando no confusión organizativa.
Un cambio cualitativo respecto de la ventilación
y el asoleamiento, será el reemplazo del patio
por el aire y luz en los edificios en altura, reestudiados
desde el movimiento moderno con propuestas de soluciones
inéditas, como el diseño de departamentos
de un ambiente en pisos a medios niveles con acceso
a un patio trasero, o de pequeños departamentos
compactos separados por patios propios, rodeando un
patio-pasillo común, en un lote en profundidad.
Se
conformará así una zona con particular
identidad urbana por el protagonismo del paisaje ribereño,
receptor del descenso de las calles desde la cuadrícula,
unido en sus extremos a dos parques costeros significativos,
el Parque España al este -de reciente data, producto
de la revalorización continua de la costa y del
río- y el Monumento y Parque Nacional a la Bandera
al oeste -de profundo contenido histórico-, territorio
de “umbrales”, zona de intercambio, de desdibujamiento
de límites: límites entre lo construido
y lo natural, entre el orden y la desviación,
entre el ámbito de lo privado y de lo público.
Identidad conformada por la culturización de
los originales accidentes geográficos, en una
frontera de ricos matices, casi los únicos donde
el tránsito de la ribera en explanada, las barrancas
naturales y el llano elevado del asiento de la ciudad,
sustentaron las ancestrales actividades fluviales, comerciales
y de servicio, que llevaron a desmontes y rellenos para
su relocalización y desarrollo, conformando un
singular enclave en armonía con la rigidez de
la cuadrícula.
De estos elementos en juego se fue definiendo este borde
de la ciudad, que a partir de sucesivas intervenciones
y consolidaciones, con el trasfondo de un ‘intenso’
pasado, aglutinaron a la ciudad original y se expandieron
al resto en crecimiento, con diferentes improntas históricas
y particulares expresiones arquitectónicas y
urbanísticas.
(2) MIKIELIEVICH,
W., Hallazgo en Avenida Belgrano, en Revista de Historia
de Rosario N° 33. Rosario, 1981, (p. 197).
(3) CABALLERO, A.:
Rosario, propuesta para un reconocimiento de estructura
económica, social y urbana, en Revista Summa N°
28, 1970, (p. 33).
(4) MONTES, A.: Santiago
Montenegro, Fundador de Rosario, en Revista de Historia
de Rosario N° 17-18. Rosario, 1969, (p. 29).
LA
CONSTRUCCION DE LA CIUDAD CONTEMPORÁNEA.
ROSARIO, ÁREA CENTRAL.
Gustavo Parets
Julio de 2000 (1) 
Indagar sobre la construcción de la ciudad y
las formas que asume su regulación normativa,
plantea la necesidad de analizar como funciona el mercado
inmobiliario a través de las prácticas
de los distintos sectores, con sus respectivas capacidades
de incidencia, en el proceso de construcción
de la ciudad, y en este caso particularmente en el área
central.
Más que una estructura únicamente espacial,
la ciudad es un proceso temporal, un devenir en el que
interactúan los componentes formales con diversas
estructuras como lo son los agentes constructores e
inmobiliarios y el poder político administrativo
.(2) Un particular acuerdo entre estos agentes
se puede encontrar al aprobarse el Plan Regulador de
1967 y sus instrumentos normativos - Código Urbano
y Reglamento de Edificación; dispositivos que
se encuentran actualmente en vigencia sin sustanciales
modificaciones y que constituyen el legado jurídico.
Analizaremos
la materialización de este acuerdo sobre la ciudad
existente en dos momentos históricos. En el primer
período, haremos referencia al proceso de sustitución
acelerado de la “ciudad anterior” que se
produce en el área central. Area central de una
alta consolidación del tejido construido y fundamentalmente
una total dotación de servicios infraestructurales
y de equipamiento.
Para considerar dicho período, nos remitiremos
al trabajo del Arq. Oscar Bragos denominado “Mercado
inmobiliario y transformaciones edilicias” (CURDIUR,
FAPYD, 1991), el que analiza el lapso comprendido entre
los años 1966 y 1985, el que a su vez, divide
en cuatro subperíodos. Creemos que basa su estrategia
en contemplar ciertos aspectos.
Por un lado, considera seis zonas de valor de la tierra
homogéneo según su posición en
el territorio del área central, y lo vincula
con el volumen de lo edificado, desagregando los tipos
y usos del construido, entre los que sobresale notablemente
la vivienda colectiva en altura, y en menor medida,
el comercio y oficinas.
Por otro lado, produce una especie de radiografía
de los actores intervinientes en la construcción
y transformación del área central (agentes
inmobiliarios y empresas constructoras) y su articulación
con los ciclos productivos de ese momento histórico
.(3)
Creemos que el objetivo del trabajo no es ponderar
la calidad de la ciudad producida en términos
urbano-arquitectónicos, sino remarcar la resultante
de la alianza de interes en acciones concretas.
A partir de una tendencia que se visualiza claramente
en el trabajo citado, especialmente en el último
subperíodo considerado (1981-85), la tendencia
registra por ejemplo, una reducción de la superficie
del construido del 75% con respecto al subperíodo
anterior (1976-80).
Se
reduce a “cero” la construcción de
vivienda colectiva en le microcentro y su entorno inmediato
(zonas de valor de la tierra homogéneo 4, 5 y
6); si bien la tendencia histórica fue baja.
Para la misma área, también se reduce
la superficie construida de oficinas y comercios (uso
predominante en el área).
En este punto es donde nosotros pretendemos ubicar
el “quiebre” o crisis del paradigma del
modo de gestionar la construcción de la ciudad
involucrando a todos los actores y sus roles (empresas
constructoras, agentes inmobiliarios, poder político-administrativo).
Esto nos remite entonces, al segundo período
que abarcaría los últimos diez años,
donde se combinan aspectos paradójicos, como
es la consolidación de la gestión urbanística
de la ciudad en democracia y la complejización
y deterioro de los ciclos político-económicos
conocidos como Plan Austral, hiperinflación del
89 y Plan de Convertibilidad del 91.
Esta crisis del modelo anterior produce procesos de
diversa índole, como es una fuerte desinversión
en el tejido del centro tradicional y en determinadas
arterias con usos especializados, con el consiguiente
deterioro de la calidad ambiental y de la imagen urbana.
Por otro lado, las realizaciones urbanísticas
del poder público local en los últimos
años, han posibilitado la puesta en valor de
otras zonas del área central, anteriormente deprimidas,
sin olvidarnos del surgimiento de nuevos modos de gerenciamiento
y producción de las estructuras comerciales (shoppings,
hipermercados, etc.).
El modelo político-económico vigente
produce una dualidad; por un lado, el acceso de las
clases media-baja, media y alta al crédito para
vivienda y emprendimientos comerciales, en dólares
y en pesos (esto último, no se registraba desde
principios de siglo), si bien a tasas cuasi usurarias
respecto de la inflación, y por otra parte, el
modelo fragmenta y/o excluye sociocultural y urbanamente,
conformando “una Rosario bis” cercana a
los 200.000 habitantes, producto de las migraciones
internas.
Esta paradoja produciría una tendencia de la
inversión de emprendimientos medianos con capitales
locales para la vivienda de “alto standing”
sobre la costa central y los enclaves valorizados por
la acción urbanística (doble traza de
Wheelwright, frente de Pellegrini sobre Parque Independencia,
Parque Urquiza); también se priorizaría
para invertir en residencia la Segunda Ronda (27 de
Febrero y Av. Francia) muy bien dotada infraestructuralmente
y con un transporte público regular.
La zona financiera y bancaria requiere de centralidad
sin residencia, aunque con equipamiento de apoyo. En
las zonas de deterioro o fuerte desinversión
urbana, ya sea en el tejido o en determinadas arterias,
el Municipio debería gestionar o promover las
inversiones.
Por
último, y para remarcar el objetivo de construir
una ciudad con una imagen urbana contemporánea,
creemos necesario retomar una idea volcada en el Informe
Parcial “Alianzas y Forma de la ciudad: mercado
inmobiliario/normativa urbana”: ...”Profundizar
en el estudio de estos procesos y su incidencia en la
definición de ciudad actual y futura, es un desafío
intelectual pero, fundamentalmente, una necesidad imperiosa
de un factible poder político-administrativo
con vocación de incidir positivamente en la proyectación
y construcción de la ciudad”... (4)
Es necesario, en vista a la definición de un
plan de ordenamiento del área central, recomponer
los acuerdos entre los actores involucrados en el proceso
de construcción de la ciudad, para que la misma
encuentre modelos de gestión que posibilite la
constitución de mercados más amplios,
permitiendo incrementar el flujo de inversiones a los
fines del mejoramiento de su condición urbana.
El paisaje heterogéneo de la ciudad heredada
es el material físico a partir del cual reproyectar
la imagen de esa ciudad, en donde la normativa debería
redefinirse considerando la estructura espacial en función
de su uso capitalista, de los nuevos y dinámicos
modelos de consumo de los espacios urbanos, y del rol
político actual de la acción del diseño
de la ciudad y su arquitectura.
El área central pertenece a un mundo que no
se puede condenar al olvido y que no se puede abandonar
a la natural destrucción del tiempo, más
allá de las particulares prácticas que
adopten cada uno de los actores involucrados.
La apuesta que puede realizar un Plan de Ordenamiento
del Area Central es la definición de políticas
que tiendan a la consolidación del «centro»
como categoría no solo referente a la materialización
espacial, sino también como un núcleo
«duro» y presente desde el punto de vista
socio-cultural en la memoria de la ciudad, entendiendo
a la socio-cultura como la construcción de “un
sentido colectivo” dentro de un momento histórico
complejo .(5)
(1) La base del presente
Artículo es un informe realizado en mayo de 1997.
(2) En referencia
al poder político administrativo municipal destacamos
su influencia en la generación de redes de infraestructura
y servicios a partir del presupuesto de la obra pública.
En cuanto a las jurisdicciones nacionales y provinciales
es obvio que anteriormente a la aparición del nuevo
modelo de privatización de servicios, el sustento
de su accionar era el volumen de inversión generado
por la obra pública.
(3) Entre los factores
que más incidieron en la expansión de la
actividad fue la implementación de políticas
de fomento a la industria de la construcción, tales
como las Leyes de Desgravación Impositiva, la de
Propiedad Horizontal, etc..
(4) FEDELE, J. y PARETS,
G.: “Alianzas y forma de la ciudad: Mercado inmobiliario
y normativa urbana”. Informe. Rosario, abril de
1997.
(5) Se debe ser muy
reflexivo al adoptar categorías muy tentadoras
como son las de «descentralización»
o áreas de «nueva oportunidad». Los
flujos financieros y comerciales están globalizados
-controlados por muy pocos- y el modelo económico
resultante tiende a la concentración y a la diversificación
productiva, por un lado, y a la exclusión y fragmentación
social y urbana, por otro. Es por ésto, como mínimo,
que la relación de «el centro» con
estas otras alternativas -no verificadas en su factibilidad
de generar renta- debe darse de modo complementario y
no en competencia, complemento que en su síntesis
sea posible poner en valor la capacidad del patrimonio
cultural, localizado en el área central, en términos
de identidad así como de inversión o valor
agregado alcanzado en una acumulación histórica
de varias generaciones.
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